De los Propileos al Partenón

Al atravesar el pórtico oriental de los Propileos y detenerse un momento ante la zona interior de la Acrópolis, uno se siente sobrecogido por la sublime visión que se ofrece a los ojos. El Partenón, con su imponente masa, domina este antiguo emplazamiento. A la izquierda, el Erecteión, obra del arquitecto Andrón, con sus monumentales semillas de orden y belleza.

Qué diferente es el espectáculo actual del de la antigüedad, cuando, siguiendo la Vía Sagrada desde los Propileos hasta el Partenón, uno se encontraba ante un verdadero bosque de estatuas y otros monumentos dedicados. Hoy sólo quedan algunos restos rotos como testimonio de la grandeza ateniense.

Al este de la base semicircular de mármol de la estatua de Atenea Hygieia, ya descrita como situada en el ángulo sureste de los Propileos, se encuentra la subfundación cuadrada de un altar. Más adelante, un desagüe excavado en la roca, de sureste a norte, llevaba el agua de lluvia a una cisterna situada detrás de los Propileos. Más allá de este desagüe hay un gran número de bases cuadradas y oblongas para los estelai en los que se registraban las decisiones oficiales, como en una hoja de noticias. Por estos medios se tomaban las decisiones públicas sobre impuestos, contratos militares, etc., así como otros acontecimientos triviales.

A la derecha se ha descubierto una escalera que baja al antiguo vertedero de Ellos. En él se encontraron también los restos de una escalera de dos kilómetros de longitud, una pista de tenis y unos antiguos baños. Se puede imaginar que eran los tiempos del siglo VI, cuando se celebraban los juegos olímpicos cada cuatro años, y cuando el olor de la rica antigüedad se calmaba sólo con el canto de un místico.

imientos de esta zona inferior han sido cubiertos por edificios modernos, mientras que la parte superior permanece con muros antiguos. La zona es un terreno común de los colonos, pero de forma menos organizada que el desorden de las villas olímpicas. A unos treinta metros en dirección, se han excavado dos espacios sagrados. Aquí estaban los santuarios de Poseidón y Deméter (y a veces de Baco), y el santuario de Gea.

Cerca del Olimpo, pero a una escala diferente, se encuentran los dos lugares de la ladera norte de la Acrópolis que eran los lugares de recreo de verano de la realeza de Atenas.

Los privilegiados se complacían en descansar en su espléndido claro, bajo cuyas laderas se elevan las columnas del templo hasta el elegante estilo del muro del mismo. Este santuario, que albergaba alternativamente los festivales olímpicos y del Erecteión, también era utilizado como residencia de verano por los reyes. Aquí, los reyes áticos se deleitaban con los deportes y los festines, con los banquetes y con las representaciones teatrales. El ambiente natural de un santuario boscoso y escarpado estaba realzado por columnas a lo largo de los lados y un frontón con una estatua de la diosa Selinonte.

La parte oriental del santuario fue demolida durante las guerras persas y la parte occidental, incluido el templo dedicado a Poseidón, se construyó en estilo moderno. Durante el periodo de dominio turco, las mezquitas se construyeron junto al antiguo santuario, y la fachada occidental del edificio se modificó para albergar una escuela turca.

En diciembre de 1801, los turcos reconquistaron la Acrópolis y ordenaron que se aceleraran las obras de los nuevos Propileos. Cinco años más tarde, las obras de la sección occidental de los Propileos se detuvieron por el descubrimiento de oro en Skouphit, tres años después del final de las guerras napoleónicas. En 1814, cuando se descubrió oro en la ciudad de Sensewich, se reanudaron las obras del tramo occidental.